Despidos y comunicación corporativa
La crisis económica obliga a las empresas a despedir y a achicar la producción como nunca. Los comunicadores institucionales nos vemos ante la tarea más compleja de todas: evitar que los alcances del conflicto dañe la imagen de las empresas.
Los datos de desempleo en la economía argentina empezarán a ser alarmantes, y el clima social pondrá al issue “trabajo” en el top las preocupaciones desde que la crisis a nivel mundial empezó con sus efectos.
La profundización de la recesión mundial y el cambio de expectativas económicas hacen que no sea difícil pronosticar que la ola de despidos, cierres de plantas y reestructuraciones no vayan a amainar en el futuro inmediato.
En este proceso, muchas plantillas de personal se reducirán o tendrán que adaptarse a los cambios estratégicos de la empresa. Desde los medios, muchas de ellas quedaran como los “malos de la película” al despedir personal, en tanto que otras, en una situación similar, ni siquiera serán abordadas por los medios. ¿Dónde esta la diferencia?
Revisando algunos antecedentes de como manejaron la comunicación en casos particulares, se ve que en los casos positivos estuvo en manos de algunos profesionales de la comunicación y las relaciones públicas
que lograron operar de manera efectiva. En los otros casos, su ausencia significó un desastre para la imagen de la compañía.
Uno de los impulsores involuntarios de este rubro de la comunicación en los Estados Unidos fueron los propios sindicatos que, con su habilidad para comunicar, ponían a las empresas en un brete.
Pero la innovación fundamental es dar un espacio dentro de su estrategia de comunicación a los “sobrevivientes”. Muchas veces se observa que los comunicadores concentran todo su esfuerzo en la situación de los que deben dejar la empresa, suponiendo que las bondades de la permanencia son una compensación suficiente para quienes no son despedidos.
En Estados Unidos se llama “Síndrome del Sobreviviente a los Despidos”. Esta actitud se caracteriza por una necesidad creciente del empleado por saber qué medidas tomará la empresa en el futuro y en qué medida puede afectarle. La consecuencia es una caída en el nivel de productividad y una mayor desconfianza de los niveles inferiores hacia el proceso de toma de decisiones internas de la empresa.
En la Argentina se avanzó en el manejo de crisis por despidos, pero todavía no se evolucionó en trabajar con un plan estratégico para desvinculaciones, con análisis de estructura de la empresa, puestos, perfiles, remuneraciones y comunicación apropiada. Se pone como prueba los casos en los que los empleados de una empresas se enteran de las desvinculaciones directamente por “radio pasillo”, que suele ser la fuente de información más habitual.
También se afirma que deben evitarse en la medida de lo posible los circuitos informales de comunicación. Pero, además, una buena información es aquella que se adecua a las necesidades de la compañía ante cada situación.
Es importante definir si queremos a los empleados como aliados creíbles o enemigos críticos. Para evitar la creación y propagación de rumores negativos hay que analizar qué canales de comunicación utilizar, y habilitar instancias tanto personales como a través de la intranet para que los empleados puedan hacer preguntas, sugerencias y manifestar sus opiniones y frustraciones.
Hay que tratar a los empleados de la misma forma que quisiera que lo traten a uno.
Los mensajes deben ser iguales a los entregados a clientes, proveedores, accionistas, autoridades y la prensa. Es un error propio de los directivos de la empresa preocuparse demasiado por la imagen externa y no ocuparse de la comunicación interna.
La fórmula es no olvidarse que los empleados son los voceros con mayor credibilidad para cualquier persona que los conozca externamente. Si se sienten involucrados con el futuro del nuevo proyecto, serán los mejores embajadores de la compañía.
Acciones como esta sirven para mostrar cómo evitar situaciones muy temidas por los empresarios locales, como la de quedar frente a la opinión pública como los “villanos” cada vez que se ven forzados a despedir personal. Y lo que a veces es más importante para las cúpulas empresarias es que las noticias no llegue o otros mercados en los que también tienen intereses comerciales.
La información se transforma entonces en una condición que los públicos ponen para la toma de decisión.
Y a la vez obliga a las empresas a entrar en un círculo virtuoso: cada día deben aumentar los niveles de información sobre sus actividades, o correr el riesgo de ofender a sus clientes.
De la noche a la mañana, las exigencias de los públicos obligaron a la mayoría de las empresas a planificar su comunicación y a edificar una imagen con herramientas más creativas que la publicidad y prensa.
Se acabó el paradigma del bajo perfil, en estos tiempos, si las empresas no saben comunicar, la imagen se la construyen desde afuera y afuera está la competencia y también el público que los consume.
Fuente: Facebook de Darío.


















